Diego Fleitas, dueño de una pinturería familiar de Quilmes, recorre barrios en busca de pequeños comercios que necesiten una mano de pintura. Junto a su esposa, Patricia Gauna, ya transformó casi 40 fachadas sin cobrar un peso, con una iniciativa que se volvió viral y que apuesta a levantar a quienes “la están peleando”.
Desde hace poco más de un año, un comerciante quilmeño del rubro pinturería lleva adelante una tarea solidaria que combina oficio, empatía y compromiso con la comunidad. Se trata de Diego Fleitas, quien junto a su esposa Patricia Gauna está al frente de la pinturería “Patodacolores”, un comercio familiar ubicado en Avenida La Plata N° 3033, esquina calle 330 Bis, que funciona desde hace 15 años.
La iniciativa consiste en recorrer las calles de Quilmes y Berazategui para detectar emprendimientos y pequeños comercios que necesiten renovar la pintura de sus fachadas. Una vez identificado el lugar, Diego se presenta con una carta y ofrece realizar el trabajo de manera completamente gratuita. “Esta idea es para ayudar a un emprendedor que la está peleando. El frente de un comercio demuestra que la pintura es buena, pero sobre todo, demuestra que hay alguien del otro lado que apuesta por vos”, contó Fleitas en diálogo con TN, medio que dio a conocer la historia.
El camino no fue sencillo. Diego recordó que los comienzos en Quilmes estuvieron marcados por enormes dificultades. “Los proveedores no nos querían vender y, para que te abran una cuenta, tenías que pagar todo en efectivo, invertir muchísimo dinero para iniciar y, encima, el alquiler. Fue a pulmón”, relató. Hoy, el proyecto es netamente familiar: además de Diego y Patricia, colaboran su ahijado y sus hermanos cuando el trabajo se multiplica.
La idea de pintar fachadas sin cobrar surgió en octubre de 2024, aunque los videos comenzaron a viralizarse recién en 2025. “La idea fue mía, pero mi esposa me sigue a todo lo que digo”, bromeó Diego. El concepto es simple pero poderoso: cambiar la imagen de un local en pocas horas y generar un impacto inmediato. “Muchas veces nos rebotaron por desconfianza. También hay mucho ‘odio’ en redes porque llama la atención que alguien haga esto gratis”, explicó. Sin embargo, cuando llega el sí, el trabajo se concreta rápidamente: “Si lo podemos hacer en seis o siete horas, lo hacemos. Me encanta el factor sorpresa”.
Lejos de optar por colores neutros, Diego busca que los comercios se destaquen. “No pinto beige. La onda es que se vea”, aseguró. Sus intervenciones suelen incluir colores vibrantes e incluso iluminación para que los locales llamen la atención también de noche. “Necesitás ese impacto visual. La idea es que la gente pase y diga: ‘Mirá ese local’”, afirmó.
Los resultados, según cuenta, son inmediatos y van más allá de lo estético. En diálogo con TN, recordó el caso de un barbero de un pueblo de Corrientes: “Lo vieron tres millones de personas en redes. Al pibe le llovían los pedidos. Yo les digo que van a vender más después de pintar, y después me llaman para confirmarlo. Eso me emociona”.
Sostener esta cruzada solidaria implica organizarse entre el trabajo, la familia y la rutina diaria. “Lo voy mechando como puedo. Cuando mi nena está en el jardín, mi mujer va y viene del local y yo le meto al pincel”, contó. Hasta el momento, ya son casi 40 los emprendedores beneficiados.
Para Diego, el mayor rédito no es económico, aunque reconoce que la visibilidad también potenció la actividad de la pinturería. “Todo lo que es solidaridad lo hacemos, no me alcanza. Hemos pintado hasta casas de acumuladores compulsivos”, señaló. Y concluyó con una reflexión que resume el espíritu del proyecto: “Si nosotros subsistimos 15 años, quiero ayudar a que otros también lo logren”.
Fuente: TN






